La alopecia en niños

La alopecia y las alteraciones del cabello son un motivo de consulta muy frecuente en niños. En ocasiones, estas no son más que un fenómeno banal como es el recambio folicular de otoño o primavera, pero algunas veces puede tratarse de la primera manifestación de una enfermedad grave (hipotiroidismo, lupus eritematoso, etc.), un déficit nutricional (enfermedad inflamatoria intestinal, déficit de zinc) o incluso un síndrome genético.

También cada vez son más los nuevos tratamientos que se introducen para intentar combatir el cáncer en la infancia y la mayoría ocasiona la caída del cabello. Por último, los cambios hormonales de la adolescencia suelen acompañarse de alteraciones del pelo como por el ejemplo el síndrome SAHA (seborrea, acné, hirsutismo y alopecia), cuya causa más frecuente es el síndrome de ovario poloquístico en el caso femenino.

Con respecto a la franja de edad a la que afecta desde el nacimiento hasta la adolescencia, pueden presentar una enfermedad del cabello. Pero generalmente cada tipo de alopecia es más típica de un grupo de edad determinado. En los bebés o niños pequeños, las enfermedades más frecuentes del cabello son la Alopecia Occipital del recién nacido, la triangular o las displasias pilosas; en la infancia tardía y la adolescencia son frecuentes los efluvios anágenos y telógenos, la alopecia areata, la androgenética, las infecciones (tiñas inflamatorias), los traumatismos y tumores o la tricotilomanía.

Salvo en las alopecias cicatriciales (liquen plano pilar, foliculitis decalvante) y en las alopecias congénitas (displasias pilosas, atriquias e hipotricosis) en el resto de los casos es posible la curación. Sin embargo existen casos muy difíciles de tratar.

Tipos de alopecias

Las alopecias se dividen en cicatriciales o no cicatriciales: en las primeras existe una destrucción folicular y por tanto serán permanentes y no reversibles, mientras que las segundas son reversibles.

También las podemos clasificar según los mecanismos responsables: están las congénitas (displasias pilosas), efluvios anágenos y telógenos, areata, cicatriciales y androgenéticas. Estas son las más frecuentes:

Alopecia occipital: se desarrolla en los primeros meses de vida y de forma errónea se atribuye al roce o fricción, cuando en realidad se debe a la evolución del ciclo folicular durante la etapa fetal y neonatal. A las 20 semanas de gestación el cuero cabelludo presenta folículos desarrollados en fase de anágeno o crecimiento, que de forma progresiva van entrando en fase de telógeno o caída, todos excepto los localizados en la región occipital, que permanecerán en anágeno hasta el nacimiento, momento en el que de forma brusca entran en caída en las primeras 8-12 semanas.

Alopecia triangular congénita: se caracteriza por la presencia de una placa alopécica en forma de triángulo en la zona temporal del cuero cabelludo. Es congénita aunque puede detectarse hasta los 4 o 5 años al estar cubierto por el vello frontal. No es progresiva pero sí permanente.

Displasias pilosas: presentan defectos morfológicos en el tallo piloso y la mayoría son trastornos congénitos. Se clasifican en: displasias pilosas con fragilidad capilar, que ocasionan alopecia difusa o localizada, y displasias pilosas sin fragilidad capilar, que no ocasionan alopecia.

Efluvios anágenos y telégenos: el cabello cae de forma exagerada como consecuencia de enfermedades endocrinas, estados deficitarios, enfermedades crónicas, fármacos, quimioterapia, fiebre intensa, intervenciones quirúrgicas, vacunación, etc. Son el tipo más frecuente de alopecia difusa en la infancia y el tratamiento se fundamenta en tratar la causa que lo origina.

Alopecia areata: constituye un proceso inflamatorio crónico de origen inmunológico que se caracteriza por una detención brusca del folículo, por lo que el pelo se desprende. A veces la alopecia evoluciona a formas graves en las que no hay nada de pelo, afectando la calidad de vida del niño: casi el 4% de los niños atendidos en consulta dermatológica lo hacen por esta causa; además, puede afectar al 0,2% de la población. En la mitad de los casos se inicia antes de los 20 años y el 20% de los casos en la infancia.

Alopecia androgenética: constituye la forma más frecuente de alopecia en el adulto y a partir de la adolescencia. Cuanto más precoz sea el inicio más severo será el cuadro. Es importante detectar una alteración hormonal subyacente como una pubertad precoz o un síndrome de ovario poliquísitico.

Tratamiento

El tratamiento variará según cada tipo de alopecia.

Efluvios: el tratamiento es el de la causa desencadenante. «Podemos utilizar suplementos ricos en cistina y vitaminas del grupo B para conseguir acortar el proceso. También podemos utilizar minoxidil al 2% tópico, potente agente que consigue frenar la caída e inducir la entrada del ciclo folicular en fase de crecimiento», explica la doctora Garnacho.

Alopecia areata: en este caso se suelen utilizar «corticoides tópicos y minoxidil cuando hay placas escasas y la sensibilización con difenciprona o corticoides en los casos más extensos», afirma la experta.

Alopecia androgenética: «Se utilizan anticonceptivos orales y minoxidil tópico, y en los varones, finasteride oral», concluye la dermatóloga.

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